
Hoy os tengo que hablar de un gremio que me tiene muy preocupada: los taxistas.
Y cuando digo preocupada, no me refiero a la falta de seguridad que sufren estos conductores, ni a los peligros de la noche, ni siquiera al alto grado de stress al que se enfrentan los fines de semana cuando a su impoluto taxi se sube El borracho, con una bolsa en las manos esperando la curva fatal que le haga llenar la susodicha bolsa ( en los mejores de los casos),sinó me refiero al estado emocional de estos trabajadores.
A mí es que me han pasado cosas muy raras con los taxistas, yo entiendo que después de estar todo el día ahí dentro, sin oír nada más que la emisora y las noticias de la radio, quieran entablar una conversación con el cliente, pero no sé si es muy normal que en un trayecto de 5 minutos conozcas por nombres y apellidos a todos los miembros de la familia del taxista en cuestión y las rencillas que hay entre ellos, pero lo más fuerte es que me pregunte sobre los mios!!!
Si os tengo que decir la verdad, la mayoría de los casos más insólitos con taxistas siempre he estado acompañada, y la mayoría de las veces ahí estaba Diana. Una vez intentando buscar una tienda cerca de la Vaguada, el taxista que no tenía ni idea adónde nos llevaba y encima el señor no veía de lejos, nos hizo mirar los números de los portales hasta llegar al 68 que era al que queríamos ir, íbamos por el 4 y el señor se empeñaba en que los fuéramos contando, así que cuando nos despistábamos, el taxista nos preguntaba: chicas, chicas, y ahora? qué número es el que pone allí en ese portal? Las dos muertas de la risa.
El otro día sin ir más lejos, estábamos las dos en Santo Domingo y pedimos un taxi en el hotel para ir a un restaurante, el "gula gula". El recepcionista del hotel llamó a los taxistas y pidió un taxi para ese restaurante, pues muy bien, a los dos segundos para ser exactas, un taxista apareció en la puerta del hotel. El señor era un tanto peculiar, aunque no más que el taxi...Las dos asombradas por la rapidez, empezamos a sospechar que ese taxi no fuera el nuestro, así que le preguntamos a quién venia a buscar y con qué destino, bueno, y esta fue la conversación:
- yo:señor, a quién viene a buscar usted?
-taxista: Pué a ustede...( con acento dominicano)
- yo: pero a ver..., es que una pareja estaba aquí hace unos minutos y creo que esperaban un taxi y han entrado para la recepción justo ahora.
- taxista: Yo les vengo a buscar a ustedes...
- yo: muy bien y adónde nos lleva??
- taxista: cómo???Eso me lo tenéis que decir vosotras!!!
- yo: no, no, es que pedimos un taxi para un sitio concreto...bueno, da igual, cuánto nos cobra por ir al Gula, Gula.
Pues ahí fue cuando descubrimos que entre los taxistas y nosotras hay un gran problema de comunicación.
- taxista: 1.60
- Diana y yo? 1.60??? pero eso qué es?( para que os hagáis una idea un euro seria más o menos 4o pesos) Pero cuánto es esa cantidad?
- taxista ( alucinado): 1.60 pesos
( diana buscando moneda con ese valor y claro...no encontraba ninguna moneda pero eso sí, ella dispuesta a entrar al taxi, vio el cielo abierto ante esa mísera cantidad)
-yo: señor, pero cómo va a ser 1.60?
- diana: a ver señor; PERO CÓMO VA A SER 1.60 SI NO EXISTE MONEDA PARA PAGARLE ESOOOOO!!!
- taxista( descojonado de la risa): a ver 160 pesos!!!!Que aquí entre nosotros lo llamamos así!
- diana y yo: ahhhhhhhhhhhhhhhhhh!!!!!!
Y subimos....
Íbamos con destino al restaurante cuando de repente el taxista nos deja en doble fila y nos dice:
- Esperad un rato acá que voy a hablar con un amigo
Imaginaos, diana y yo no habíamos reaccionado todavía cuando el taxista ya se había bajado del coche y se dirigía a otro taxista, amigo suyo.
Todo nos olía tan mal que ya planeábamos la idea de saltar del taxi en marcha si veíamos algo más raro, pero allí estábamos las dos sin movernos del coche, mirando de vez en cuando al taxista que parecía estar muy entretenido con el amigo. Diana no aguantó más y salió a buscarlo.
El taxista subió al coche y felizmente nos llevó al restaurante, eso sí, él cantaba y cantaba y movía los brazos como si estuviera bailando salsa, madre mía...
Pasamos miedo pero luego el personaje nos pareció entrañable... al salir del restaurante le volvimos a llamar para que nos llevara de vuelta al hotel, porque vale más taxista conocido que taxista por conocer.
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